La solución fue trabajar en un sello característico de la marca: algo que dijera a los cuatro vientos que Cokoc! era accesible, alcanzable, jocosa y divertida, pero, sobre todo, que tenía buena sazón y un producto distinto a todo lo que había en el mercado. Todos esos elementos ya estaban ahí. Unirlos bajo una sola dirección fue, más que nada, un trabajo de claridad.
Así que dejamos de pensar en los rótulos genéricos de pollería y en las cartulinas fosforescentes de «pollo asado», y nos concentramos en lo que vuelve a una marca cotorra, divertida y pegajosa: ese ingenio tan mexicano que todos reconocemos al instante. Y entonces, se nos ocurrió cacarear.
el método en acción
Escuchamos, observamos, entendimos y creamos una estrategia a la medida del cliente:
El rosti-asado corría el riesgo de verse caro y solo para unos cuantos. Lo miramos de frente: si la marca no se sentía accesible, nadie se iba a animar a probarlo.
Hicimos a un lado los rótulos genéricos y las cartulinas fosforescentes, y exprimimos lo que vuelve pegajosa a una marca: el ingenio mexicano, cotorro y divertido.
Nombramos lo que todos traíamos en la cabeza desde niños: un sonido que no necesita traducción. No había que gritar para hacerse escuchar, sino ponerse a cacarear.
A partir de ese momento, Cokoc! nació de verdad como lo que es: una propuesta disruptiva y diferenciada, pero sobre todo, respaldada por una oferta excelente de producto. No peleaba, no empujaba ni intentaba hacer a un lado a nadie: cacareaba, para que todo el mundo pudiera escucharla y, en automático, entender todo el concepto que había detrás.
Y ese cacareo no se quedó en el letrero. Bajo nuestro aporte, la marca se derivó hacia la web, las redes sociales y todo un universo digital que le permitió posicionarse y volverse una marca de interés. En redes, el gallo saludaba como quien te recibe en la puerta —«¿Un pollito siempre listo? …¡Po’ llo merito!»—, el guiso del día llegaba como invitación y no como menú, y «la receta de mamá» convertía cada publicación en algo más cercano que un antojo: la mesa compartida. Mismo tono, misma voz, en cada punto de contacto.
Para nosotros, Cokoc! es más que un hito creativo. Es una marca construida desde la estrategia, con un nombre que opera en el inconsciente porque ya estaba arraigado en la mente de todos los mexicanos, sin excepción. Un gancho visceral que desata una respuesta inmediata y lleva la atención hacia una propuesta de servicio muy bien estructurada. Tan bien estructurada que llegó a operar cuatro sucursales de franquicia en Puebla, hasta ser finalmente adquirida por el corporativo Free & Green, propietario de marcas como Villa Camarón, Cali Burger y McCarthy’s Irish Pub.











