Dirección

Cokoc!

Rosticería
·
Puebla
Una marca que se abrió paso. No gritando… ¡cacareando!

Cokoc! no empezó como un nombre. Empezó en Puebla como un concepto de mercado genérico: un negocio más de pollos asados y rostizados, de esos que hay en cada esquina. Pero desde el momento en que se armó el menú, ya se notaba que esto no iba a seguir la línea de todos los demás. Ahí aparecieron los rosti-asados: una mezcla que conserva la textura, la suavidad y el sabor del pollo, con ese acabado final tostadito que a todos nos gusta. Y para completar, una especialidad diferente cada día: pibil, al mixiote, parmesano y chimichurri, por mencionar algunos.

El detalle es que un concepto así, muchas veces, termina cerrándose a un segmento muy definido. Y eso era justo lo que los dueños no se podían permitir. El rosti-asado tenía que ganarse su lugar en la mesa, como lo hace cualquier pollo asado de cualquier rosticería. Es decir, la marca tenía que llamar la atención para que el producto se viera, se comprara y se probara, sin miedo a sentirse más caro. Y para abrirse paso, la respuesta no era gritar más fuerte. Era otra cosa.

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La solución fue trabajar en un sello característico de la marca: algo que dijera a los cuatro vientos que Cokoc! era accesible, alcanzable, jocosa y divertida, pero, sobre todo, que tenía buena sazón y un producto distinto a todo lo que había en el mercado. Todos esos elementos ya estaban ahí. Unirlos bajo una sola dirección fue, más que nada, un trabajo de claridad.

Así que dejamos de pensar en los rótulos genéricos de pollería y en las cartulinas fosforescentes de «pollo asado», y nos concentramos en lo que vuelve a una marca cotorra, divertida y pegajosa: ese ingenio tan mexicano que todos reconocemos al instante. Y entonces, se nos ocurrió cacarear.

el método en acción

Qué hicimos

Escuchamos, observamos, entendimos y creamos una estrategia a la medida del cliente:

Confrontamos

El rosti-asado corría el riesgo de verse caro y solo para unos cuantos. Lo miramos de frente: si la marca no se sentía accesible, nadie se iba a animar a probarlo.

01
Estresamos

Hicimos a un lado los rótulos genéricos y las cartulinas fosforescentes, y exprimimos lo que vuelve pegajosa a una marca: el ingenio mexicano, cotorro y divertido.

02
Revelamos

Nombramos lo que todos traíamos en la cabeza desde niños: un sonido que no necesita traducción. No había que gritar para hacerse escuchar, sino ponerse a cacarear.

03

A partir de ese momento, Cokoc! nació de verdad como lo que es: una propuesta disruptiva y diferenciada, pero sobre todo, respaldada por una oferta excelente de producto. No peleaba, no empujaba ni intentaba hacer a un lado a nadie: cacareaba, para que todo el mundo pudiera escucharla y, en automático, entender todo el concepto que había detrás.

Y ese cacareo no se quedó en el letrero. Bajo nuestro aporte, la marca se derivó hacia la web, las redes sociales y todo un universo digital que le permitió posicionarse y volverse una marca de interés. En redes, el gallo saludaba como quien te recibe en la puerta —«¿Un pollito siempre listo? …¡Po’ llo merito!»—, el guiso del día llegaba como invitación y no como menú, y «la receta de mamá» convertía cada publicación en algo más cercano que un antojo: la mesa compartida. Mismo tono, misma voz, en cada punto de contacto.

Para nosotros, Cokoc! es más que un hito creativo. Es una marca construida desde la estrategia, con un nombre que opera en el inconsciente porque ya estaba arraigado en la mente de todos los mexicanos, sin excepción. Un gancho visceral que desata una respuesta inmediata y lleva la atención hacia una propuesta de servicio muy bien estructurada. Tan bien estructurada que llegó a operar cuatro sucursales de franquicia en Puebla, hasta ser finalmente adquirida por el corporativo Free & Green, propietario de marcas como Villa Camarón, Cali Burger y McCarthy’s Irish Pub.

Cokoc! no gritó. Cacareó. Y todo el mundo volteó.

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